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  • lunes, 28 de mayo de 2012


    La palanca es una máquina simple que tiene como función transmitir una fuerza y un desplazamiento. Está compuesta por una barra rígida que puede girar libremente alrededor de un punto de apoyo llamado fulcro.
    Puede utilizarse para amplificar la fuerza mecánica que se aplica a un objeto, para incrementar su velocidad o la distancia recorrida, en respuesta a la aplicación de una fuerza

    Una polea, es una máquina simple que sirve para transmitir una fuerza. Se trata de una rueda, generalmente maciza y acanalada en su borde, que, con el curso de una cuerda o cable que se hace pasar por el canal ("garganta"), se usa como elemento de transmisión para cambiar la dirección del movimiento en máquinas y mecanismos. Además, formando conjuntos —aparejos o polipastos— sirve para reducir la magnitud de la fuerza necesaria para mover un peso.
    Según definición de Hatón de la Goupillière, «la polea es el punto de apoyo de una cuerda que moviéndose se arrolla sobre ella sin dar una vuelta completa» actuando en uno de sus extremos la resistencia y en otro la potencia.

    En física, un vector (también llamado vector euclidiano o vector geométrico) es una herramienta geométrica utilizada para representar una magnitud física definida por su módulo (o longitud), su dirección (u orientación) y su sentido (que distingue el origen del extremo). En matemáticas se define un vector como un elemento de un espacio vectorial, esta noción es más abstracta y para mucho espacios vectoriales no es posible representar a sus vectores mediante un módulo o longitud y una orientación (ver Espacio vectorial).
    Los vectores en un espacio euclídeo se pueden representar geométricamente como segmentos de recta dirigidos («flechas») en el plano \R^2 o en el espacio \R^3.
    Son ejemplos de magnitudes vectoriales: la velocidad con que se desplaza un móvil, ya que no queda definida tan sólo por su módulo (lo que marca el velocímetro, en el caso de un automóvil), sino que se requiere indicar la dirección hacia la que se dirige. La fuerza que actúa sobre un objeto, ya que su efecto depende, además de su intensidad o módulo, de la dirección en la que opera. El desplazamiento de un objeto.

    Finaliza con éxito el primer vuelo nocturno de un avión propulsado por energía solar

    domingo, 29 de abril de 2012

     


    El 'Solar Impulse' consigue mantenerse en el aire 26 horas seguidas.
    Solar Impulse, el avión solar experimental, ha aterrizado hoy en el aeródromo de la localidad suiza de Payerne y ha completado el primer vuelo nocturno de la historia. La aeronave sólo propulsada por energía solar y sus correspondientes baterías ha realizado la aventura, 26 horas seguidas en el aire, con éxito.

    Los promotores del proyecto consideran que este viaje ha sido una apuesta y que incluso ha superado sus expectativas. "El aparato captó la energía suficiente como para volver a ganar altura y pasar una nueva noche volando", explicó, su principal impulsor, inventor del Solar Impulse y millonario suizo, Bertrand Piccard.

    El prototipo de avión- dotado de 10.748 células fotovoltaicas, con una envergadura de 63,4 metros y 1600 kilos de peso- se elevó ayer con unas condiciones meteorológicas ideales hasta los 8.700 metros de altura, un record en cuanto a distancia del suelo para un aparato de este tipo.

    El avión ha realizado varias idas y vueltas durante su vuelo nocturno. La velocidad media ha sido de 50 kilómetros por hora a fin de preservar al máximo la energía acumulada.

    Piccard ha declarado esta mañana en el aeródromo de Payerne que "es la primera vez que un avión solar consigue volar un día y una noche de seguido" y ha añadido que "hoy, Solar Impulse ha demostrado que la hazaña es posible."

    El avión ha aterrizado en Suiza sin ningún problema. El piloto de la nave, André Borschberg, dijo momentos después de pisar tierra que había pasado una "noche extraordinaria".

    La duración del vuelo encumbra a este tipo de prototipo de avión solar como el protagonista de la travesía aérea más larga de esta naturaleza, al superar ampliamente la marca obtenida por otro aparato solar ultraligero con un piloto a bordo, que en 1981 logró volar de Francia a Inglaterra en cinco horas.

    Este primer viaje abre la vía a un posible vuelo transatlántico y una vuelta al mundo prevista para dentro de tres años. Los comandantes serán Piccard, inventor e ideólogo del aparato, y André Borschberg, que repite como piloto.

    En una entrevista realizada esta mañana, Piccard ha señalado que la idea del avión solar le surgió en 1999 cuando realizó la vuelta al mundo en globo, que siempre ha crecido con ese deseo de aventura y se ha declarado un protector del medio ambiente, "mi abuelo público un artículo científico sobre la energía solar en 1943, mi padre siempre ha estado muy preocupado por el medio ambiente y me lo ha inculcado" y finalizó "hay que dar más fuerza a las energías verdes."

    Este proyecto arrancó en 2004 con un presupeusto de 40 millones de euros. Tras varios ensayos, el rpmier vuelo de hora y media de duración se realizó el pasado 7 de Abril. El 1 de julio se tuvo que posponer el primer intento de vuelo nocturno por problemas técnicos que hubiesen impedido el seguimiento desde de tierras de parámetros cruciales para la seguridad de la nave y su tripulación.

    Fuente: ElPaís

    ¿Cuánto es capaz de planear un avión si se le paran los motores?

     


    Os vais de vacaciones, cogéis un avión transatlántico y, de repente, por arte de birlibirloque, zas, se estropean todos los motores del avión. ¿Podréis llegar al aeropuerto planeando? ¿Cuánto tardaréis en convertiros en personajes de Lost?

    La distancia que puede cubrir un avión planeando viene determinada por su rendimiento aerodinámico, es decir, el índice que mide las cantidades relativas de elevación y resistencia aerodinámica de las alas.

    Por lo general, este índice es de 22 para los monoplanos, unos 16 para los aviones a reacción de pasajeros convencionales y de sólo 8 como máximo para los aviones supersónicos de ala en flecha como el Concorde.

    Para saber si salvaréis la vida, hay que multiplicar dicho índice por la altitud del avión en el momento del fallo de los motores. Por ejemplo, si fallan a 10.000 m de altitud, un avión de pasajeros de motor a reacción debería poder llegar a 160 km de distancia.


    Todo esto, por supuesto, es la teoría. En la realidad puede haber algunas variaciones. Pero no muchas, como podemos ver en el siguiente caso real:
    En agosto de 2001, un airbus 330 canadiense de Air Transat que cubría la ruta Toronto-Lisboa sufrió una terrible pérdida del combustible. Tras detectar el fallo, los pilotos pusieron rumbo a un aeródromo de las Azores, pero los dos motores fallaron cuando aún estaban a casi 140 km de distancia. Por fortuna, el rendimiento aerodinámico del avión era de 16 y el fallo se produjo a 10.500 m, con lo que logró planear hasta su destino. Los pilotos lograron llevar a cabo un aterrizaje a alta velocidad en el que sólo una docena de pasajeros sufrieron alguna herida leve.

    Fuente: GenCiencia

    ¿Existe la temperatura más alta posible?



    Ya desde el colegio nos repetían que, si bien existe un límite para la temperatura más fría en el universo (el Cero Absoluto, -273,15 Cº), no había límite para la temperatura más alta. En otras palabras, hay un límite para el frío, pero no para el calor (algo que por cierto adquiere un especial sentido en estos días de sofocante calor).

    Sin embargo, en 1966, el físico teórico Andréi Sájarov se obsesionó con la idea de que quizá también existía un máximo de temperatura posible. Concluyó, entonces, que este límite debería estar relacionado con la cantidad máxima de energía radiante que puede introducirse en el volumen mínimo de espacio.

    A nivel cuántico, existe un volumen mínimo, una escala tan pequeña que el significado de “espacio” pierde el sentido. Esto ocurre a escalas de 0,000000000000000000000000000000000001 m (algo incluso más pequeño que una partícula subatómica).


    Es decir, que el volumen mínimo concebible en metros cúbicos sería entonces la cifra de arriba… pero con 105 ceros.
    Sájarov planteó un argumento similar para calcular la cantidad máxima de energía que se puede meter en este ínfimo volumen, y a partir de ahí extrajo la temperatura de la radiación resultante.

    ¿Y cuál fue el resultado? Nada menos que una temperatura enorme, mayor que cualquier temperatura creada por un ser humano: 100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 ºC. Una temperatura que sólo se ha se ha producido en una ocasión, durante el Big Bang.

    Por cierto, la temperatura más alta alcanzada artificialmente se ha conseguido en las entrañas de los grandes aceleradores de partículas: 1.000.000.000.000.000.000 ºC.

    Fuente: GenCiencia

    Nueva mirada al origen de los elementos





    Simulación de la colisión frontal de dos estrellas
    de neutrones, realizada por un grupo de la Universidad
    Politécnica de Cataluña
    El proyecto EuroGENESIS pretende ahondar en la historia de las especies químicas, desde el Big Bang a nuestros días.
    Desde un minúsculo grano de arena a un cúmulo de galaxias, el Universo (con permiso de la materia y la energía oscuras) rebosa de materia formada por átomos. Existen 93 variedades atómicas en forma natural, a las que hay que sumar dos docenas de especies sintetizadas artificialmente en el laboratorio. Sin embargo, no todas ellas presentan la misma abundancia: hidrógeno y helio son, con diferencia, las dos especies dominantes; el resto se agrupa en una caprichosa distribución irregular de abundancias que tiende a disminuir al considerar núcleos más y más pesados. De hecho, las causas del predominio de unas especies sobre otras y del perfil específico de las abundancias químicas observadas en el universo han dado lugar a acaloradas discusiones y desaforadas conjeturas.

    Alquimia estelar
    Cinco décadas después del descubrimiento de la radiactividad, los físicos Ralph Alpher, Hans Bethe y George Gamow propusieron que, en las extraordinarias condiciones que imperaban poco después de la explosión inicial (Big Bang), el Universo primitivo devino un verdadero horno en el que se cocinó la totalidad de la tabla periódica de los elementos. Sin embargo, estudios posteriores, corroborados por medidas de abundancias en estrellas muy viejas, han permitido entrever que el Universo primitivo era químicamente muy pobre: la síntesis de elementos durante las primeras etapas del Universo (la llamada nucleosíntesis primordial) se limitó a un puñado de especies ligeras: dos isótopos de hidrógeno (protio y deuterio), helio (helio-3 y helio-4) y litio (litio-7), producidos a temperaturas cercanas a los 10 elevado a nueve grados Kelvin, entre 200 y 1.000 segundos después de la explosión. El resto de especies químicas, desde el hierro presente en nuestra sangre al calcio de nuestros huesos, pasando por el silicio de los chips de ordenador, tuvo que esperar a la gestación de las primeras estrellas, unos 180 millones de años después.

    Las estrellas constituyen verdaderas factorías de transformación nuclear, crisoles donde la materia primordial se forja en núcleos más y más complejos. Mediante episodios más o menos explosivos, las estrellas retornan parte de este material procesado termonuclearmente al medio interestelar; materia en la que, cual ave fénix, volverán a gestarse nuevas generaciones de estrellas, enriquecidas progresivamente en materiales más pesados que el hidrógeno y el helio. Sin el concurso de los procesos nucleares que tienen lugar en las estrellas no habrían aparecido jamás las moléculas de la vida. De hecho, debemos nuestra propia existencia a una improbable combinación de factores, entre otros a la existencia de las estrellas.

    EuroGENESIS y el origen de las especies
    Si en 1859 Charles Darwin publicaba su famoso tratado El origen de las especies, obra fundacional de la moderna biología evolutiva; un siglo después, en 1957, veían la luz dos trabajos pioneros sobre el origen de las especies químicas, publicados por E.M. Burbidge y colaboradores, y por A.G.W. Cameron.

    Una iniciativa reciente que persigue arrojar luz en este campo, recogiendo el testigo de una miríada de esfuerzos anteriores, es el ambicioso proyecto EuroGENESIS . A través de un enfoque multidisciplinar y transnacional, este proyecto pretende ahondar en el origen de los elementos, a lo largo de los distintos episodios que configuran la historia nuclear del Universo, desde el Big Bang a nuestros días. Pretende también dar respuesta a cómo la materia presente en el cosmos, formada por estos mismos elementos, ha devenido compleja, hasta el punto de hacer posible la emergencia de la vida. Seleccionado en los prestigiosos proyectos competitivos EUROCORES de la European Science Foundation (ESF), EuroGENESIS nace con el objetivo de integrar, por primera vez, astrofísicos teóricos especialistas en la modelización de estrellas por ordenador; astrónomos observacionales que determinan las abundancias químicas del universo mediante telescopios terrestres y espaciales (o a partir de medidas de granos meteoríticos en el laboratorio); cosmoquímicos que estudian cómo se asocia la materia en el espacio hasta formar sólidos y eventualmente planetas capaces de albergar formas de vida; y físicos nucleares que proporcionan la información básica sobre el tipo de transmutaciones nucleares que se producen en las estrellas mediante esfuerzos experimentales y teóricos. EuroGENESIS, con un presupuesto de 2,5 millones de euros, agrupa varios centenares de especialistas de 16 países, a través de la participación de 29 centros de investigación, tan prestigiosos como el Instituto de Astrofísica de París, la Universidad de Washington (St. Louis, EE UU), tres institutos Max Planck, la Academia de Ciencias de Rusia o el laboratorio TRIUMF, en Vancouver (Canadá). España participa a través de cuatro instituciones: la Universidad Politécnica de Cataluña , el Instituto de Estudios Espaciales (CSIC, Bellaterra), el Instituto de Estructura de la Materia (CSIC, Madrid) y la Universidad de Huelva.

    Cataclismos estelares
    Un ejemplo ilustrativo del tipo de investigación multidisciplinar que se persigue lo brindan las novas clásicas, titánicas explosiones termonucleares de naturaleza estelar cuya teórica emisión gamma no ha sido nunca confirmada. De hecho, la detección de dicha emisión constituye un objetivo de misiones espaciales como Integral, de la ESA. Una de las señales gamma predichas por los modelos guarda relación con la desintegración del flúor-18 sintetizado en tales explosiones. Pero la detección de la correspondiente emisión gamma topa con un serio obstáculo: el desconocimiento del ritmo de destrucción de flúor-18 mediante colisiones con protones, cuya caracterización requiere complicados experimentos de física nuclear. Un mayor conocimiento de esta reacción no sólo mejoraría las predicciones teóricas de la emisión gamma de las novas sino que ayudaría también a esclarecer el origen de ciertas anomalías halladas en granos meteoríticos.

    Este y otros desafíos de la astrofísica moderna sólo serán posibles a través de programas multidisciplinares como EuroGENESIS, que aboguen por combinar esfuerzos en la frontera de la investigación en astrofísica computacional, cosmoquímica, astronomía observacional y física nuclear.
    Fuente: ElPaís